Hola amigos,
Es un placer anunciar que una amiga cercana y querida ha ganado el primer premio de narrativa del día de Sant Jordi en Cambrils, Tarragona. Podría hacer mi comentario, pero creo que mis palabras sobran ante las de mi amiga Susana Maquieira...juzgar vosotros mismos...
NARRACIÓN
Con voces de leyenda
En la comarca de los Milanes, de un inexplorado lugar, no muy lejano, la gente vive y convive. Todos se conocen y allí, como en todo lugar, siempre hay alguien más inteligente que el total de los otros, y más que inteligente, astuto. Él era su gobernante. Esa buena gente se dejó gobernar por él y se dejó dirigir en relación a sus propias conveniencias, y el dirigente gobernaba para aumentar su ego y sus bienes. Sus bolsillos estaban a punto de reventar de tanto guardar y guardar; pero en el trasfondo de esta realidad, todos vivían felices y contentos en sus casitas de paja y adobe, sus huertas y flores, sus ganados y sus sembrados, sus callecitas, lomadas y valles, haciendo cada cual su vida, pues todos tenían para vivir; había paz y seguridad y nadie osaba cuestionar el accionar del mandamás.
Pero claro, no siempre todo puede ser felicidad y armonía eterna sí, en algún lugar, algo se está fraguando para interrumpirlas.
Al parecer, sin que nadie se diera cuenta ni lo pudiera advertir, en una cueva cercana, al lado norte de la comarca, un huevito de dragón se está moviendo.
Muchos recordarían, después, a ésa dragón madre que dejó allí el huevo listo para que su interno habitante viviera la vida.
Y así fue que, el bello pichón, nació y se hizo sentir, casi al instante de hacerlo.
Los habitantes del pueblo lo escucharon y se creyeron bendecidos. Un ser alado, casi extinto y con tanta historia y leyendas por detrás, había elegido su territorio para vivir. Nadie podía negar que era un hecho muy especial.
Así que nombraron a un cuidador. Le dieron de comer, cubrían sus necesidades y entre todos lo veían crecer y desarrollarse, cada vez mas bello, más pleno y, por ende, más poderoso.
Los conocía a cada uno y a todos los de la comarca; se paseaba por sus callejas estirando las alas como con pereza y levantando orgulloso su cabeza ante los elogios y exclamaciones de los que lo observaban, como signo de admiración a su paso.
Movía cada centímetro de su cuerpo con precisión y cuidado. Sabia que su existencia dependía de esa gente que, con tanto respeto y cariño, habían preservado su vida.
Y así pasaba el tiempo y los años y, cuando pasan y la natural naturaleza se desarrolla, las complicaciones se hacen ver, o peor aún, se hacen sentir.
Y sí, comenzaron los intentos del pequeño dragón de querer rugir y sus fauces lo intentaron, siendo más que un estruendo un quejido que hizo reír a los presentes. ¡Qué colorado se puso el dragoncito! Lo volvió a intentar y esta vez sí, el rugido fue fuerte y seguro. Causó emoción en todos y cada uno de los vecinos.
El bebé se hacía grande y en su crecimiento requería de más y más alimentos para su existencia y, ahora, ya no lo pedía, lo exigía en relación a su necesidad.
El cuidador comenzó a tenerle más respeto cada día, porque su humor risueño y gracioso, empezaba a cambiar por uno más inestable y contradictorio. Necesitó de más y más gente para que lo ayudara y de más elementos de higiene y manutención para el dragón, quien no dejaba de crecer. Ni pensar cuando las alas adquirieron la dimensión final y ya aleteaba para su vuelo bautismal.
Su desarrollo corporal había tomado formas curvilíneas desproporcionadas, hasta para la cueva donde vivía.
Su primer vuelo fue rasante por el cielo de la comarca, provocando una cierta ansiedad entre sus habitantes, más aún, cuando su sombra se proyectaba sobre rebaños dispersos en laderas y valles.
Ni decir, cuando aquel atardecer, se posó sobre la cúspide de uno de los picos más altos de las sierras y se confundió el fuego de su resoplido con el color rojizo del sol al ocultarse.
El silencio fue tan intenso que pudo oírse. Hasta el más mínimo sonido parecía retumbar en cada hueco, en cada esquina, entre cada respiración.
El impenetrable sonido fue seguido de un poderoso rugido con resoplido feroz y amedentrante, que logró paralizar el aliento de cuánto vivo existiese alrededor.
Lo ocurrido latía en el pensamiento, de cada uno de los presentes; tomaba vida y se hacía palpable, real, tangible.
Lo que hasta ahora se había podido controlar, ya no era posible hacerlo.
El monstruo había despertado…
Nadie ni nada podría, en tiempo real, parar a esa maquinaria que se había puesto en movimiento.
Todos, muy inocentemente, habían creído que serían más respetados y más apreciados por éste ser que los diferenciaba, y alimentaron a ese ser, que no dejaba de ser su propio ego en pleno proceso de crecimiento.
No percibieron ni previnieron las consecuencias, vieron como crecía el mal, pero no le pusieron límite.
Ya es tarde. Ya está en su máxima expresión, a lomo de la montaña mostrando su poderío, su indomable espíritu, su depravado poder.
Un solo pensamiento recorrió a cada uno de los milanenses. Debía ser inminente su deceso, su desaparición, sino serían ellos los que desaparecerían.
De la nada lo formaron, lo fomentaron, lo dejaron ser: lo alabaron, lo adoraron y lo dejaron expandirse.
Como todos los humanos, se creyeron dioses y controladores de todo lo que estaba entre sus manos, y como con su gobernante, dejaron correr la situación, hasta que ésta los desbordó.
Como si supiera lo que estaban pensando, el dragón volvió a rugir, a lanzar fuego por sus fauces y desplegó sus alas.
En la ínfima suma de dos pasadas a bajo vuelo quemó las chozas, quemó los sembradíos y destruyó lo que en años habían logrado construir los ciudadanos.
Nada quedó de los de la comarca de Milanes, porque su propio orgullo, su insensatez, su permisividad, su egoísmo y su soberbia los borraron de la faz de la tierra.
El dragón remontó vuelo sobrepasando las colinas; voló más alto y buscó nuevos rumbos. Esa comarca ya no le servía. Debía buscar otros horizontes y nuevos insensatos que le dieran de comer.
El anochecer y la oscuridad hicieron desaparecer su figura recortada en el cielo, mientras el fuego de la aldea consumía todo aquello que se creyó perfecto.
Es un placer anunciar que una amiga cercana y querida ha ganado el primer premio de narrativa del día de Sant Jordi en Cambrils, Tarragona. Podría hacer mi comentario, pero creo que mis palabras sobran ante las de mi amiga Susana Maquieira...juzgar vosotros mismos...
NARRACIÓN
Con voces de leyenda

Pero claro, no siempre todo puede ser felicidad y armonía eterna sí, en algún lugar, algo se está fraguando para interrumpirlas.
Al parecer, sin que nadie se diera cuenta ni lo pudiera advertir, en una cueva cercana, al lado norte de la comarca, un huevito de dragón se está moviendo.
Muchos recordarían, después, a ésa dragón madre que dejó allí el huevo listo para que su interno habitante viviera la vida.
Y así fue que, el bello pichón, nació y se hizo sentir, casi al instante de hacerlo.
Los habitantes del pueblo lo escucharon y se creyeron bendecidos. Un ser alado, casi extinto y con tanta historia y leyendas por detrás, había elegido su territorio para vivir. Nadie podía negar que era un hecho muy especial.
Así que nombraron a un cuidador. Le dieron de comer, cubrían sus necesidades y entre todos lo veían crecer y desarrollarse, cada vez mas bello, más pleno y, por ende, más poderoso.
Los conocía a cada uno y a todos los de la comarca; se paseaba por sus callejas estirando las alas como con pereza y levantando orgulloso su cabeza ante los elogios y exclamaciones de los que lo observaban, como signo de admiración a su paso.
Movía cada centímetro de su cuerpo con precisión y cuidado. Sabia que su existencia dependía de esa gente que, con tanto respeto y cariño, habían preservado su vida.
Y así pasaba el tiempo y los años y, cuando pasan y la natural naturaleza se desarrolla, las complicaciones se hacen ver, o peor aún, se hacen sentir.
Y sí, comenzaron los intentos del pequeño dragón de querer rugir y sus fauces lo intentaron, siendo más que un estruendo un quejido que hizo reír a los presentes. ¡Qué colorado se puso el dragoncito! Lo volvió a intentar y esta vez sí, el rugido fue fuerte y seguro. Causó emoción en todos y cada uno de los vecinos.
El bebé se hacía grande y en su crecimiento requería de más y más alimentos para su existencia y, ahora, ya no lo pedía, lo exigía en relación a su necesidad.
El cuidador comenzó a tenerle más respeto cada día, porque su humor risueño y gracioso, empezaba a cambiar por uno más inestable y contradictorio. Necesitó de más y más gente para que lo ayudara y de más elementos de higiene y manutención para el dragón, quien no dejaba de crecer. Ni pensar cuando las alas adquirieron la dimensión final y ya aleteaba para su vuelo bautismal.
Su desarrollo corporal había tomado formas curvilíneas desproporcionadas, hasta para la cueva donde vivía.
Su primer vuelo fue rasante por el cielo de la comarca, provocando una cierta ansiedad entre sus habitantes, más aún, cuando su sombra se proyectaba sobre rebaños dispersos en laderas y valles.
Ni decir, cuando aquel atardecer, se posó sobre la cúspide de uno de los picos más altos de las sierras y se confundió el fuego de su resoplido con el color rojizo del sol al ocultarse.
El silencio fue tan intenso que pudo oírse. Hasta el más mínimo sonido parecía retumbar en cada hueco, en cada esquina, entre cada respiración.
El impenetrable sonido fue seguido de un poderoso rugido con resoplido feroz y amedentrante, que logró paralizar el aliento de cuánto vivo existiese alrededor.
Lo ocurrido latía en el pensamiento, de cada uno de los presentes; tomaba vida y se hacía palpable, real, tangible.
Lo que hasta ahora se había podido controlar, ya no era posible hacerlo.
El monstruo había despertado…
Nadie ni nada podría, en tiempo real, parar a esa maquinaria que se había puesto en movimiento.
Todos, muy inocentemente, habían creído que serían más respetados y más apreciados por éste ser que los diferenciaba, y alimentaron a ese ser, que no dejaba de ser su propio ego en pleno proceso de crecimiento.
No percibieron ni previnieron las consecuencias, vieron como crecía el mal, pero no le pusieron límite.
Ya es tarde. Ya está en su máxima expresión, a lomo de la montaña mostrando su poderío, su indomable espíritu, su depravado poder.
Un solo pensamiento recorrió a cada uno de los milanenses. Debía ser inminente su deceso, su desaparición, sino serían ellos los que desaparecerían.
De la nada lo formaron, lo fomentaron, lo dejaron ser: lo alabaron, lo adoraron y lo dejaron expandirse.
Como todos los humanos, se creyeron dioses y controladores de todo lo que estaba entre sus manos, y como con su gobernante, dejaron correr la situación, hasta que ésta los desbordó.
Como si supiera lo que estaban pensando, el dragón volvió a rugir, a lanzar fuego por sus fauces y desplegó sus alas.
En la ínfima suma de dos pasadas a bajo vuelo quemó las chozas, quemó los sembradíos y destruyó lo que en años habían logrado construir los ciudadanos.
Nada quedó de los de la comarca de Milanes, porque su propio orgullo, su insensatez, su permisividad, su egoísmo y su soberbia los borraron de la faz de la tierra.
El dragón remontó vuelo sobrepasando las colinas; voló más alto y buscó nuevos rumbos. Esa comarca ya no le servía. Debía buscar otros horizontes y nuevos insensatos que le dieran de comer.
El anochecer y la oscuridad hicieron desaparecer su figura recortada en el cielo, mientras el fuego de la aldea consumía todo aquello que se creyó perfecto.
FIN
SUSANA MAQUIEIRA
11 DE ABRIL DE 2012
-Dime
mi niña linda
¿
qué es lo que quieres?
Te
bajaré la luna
para
que juegues.
¿De
qué color la pinto?
-Déjala
que siga blanca,
que así me encanta.
-Te
entregaré el sol
y
lo pondré a la sombra,
para
que esté frío.
-Déjalo
así al solcito
que
me dé su calorcito.
-Dime
mi niña hermosa,
¿
qué es lo que quieres?
-Que
estés siempre conmigo
y
que me cuentes:
¿
Cómo se ven los cielos
desde
la luna?
O
más lejos aún,
¿
Cómo es el fondo del mar,
profundo oscuro,
o
diáfano y colorido
como
el cantarín arroyo?
-De
todo te contaré
mi
niña guapa,
cierra
los ojos, pues,
y
mientras descansas
te
narraré historias,
para
que por mis ojos
veas
lo que la vida
no
permitió veas
en
si y por ti misma.
Duerme
mi niña linda,
que
el sol no brilla,
y
la luna te alumbra
con
su luz clara,
para
que tus sueños tengan
duendes
y hadas,
peces
y flores de mil colores,
caminos
largos o muy estrechos,
árboles
y nubes ,en cielo y tierra.
Duerme
mi niña hermosa,
que
el sueñito plácido
hasta
ti llega.
Que
duerma, duerma,
mi
niña bella,
que
el Ángel de la Guarda,
por
ella vela.
SUSANA
MAQUIEIRA
12
DE ABRIL DE 2012
Susana Maquieira, a la izquierda.